A la hora de
preparar milanesas de lomo de ternera, el alto y tóxico precio de la
carne vacuna en Argentina nos ha llevado a buscar una alternativa sana
y económica: hacerlas de berenjena.
Ingredientes,
herramientas y voluntades
1 berenjena negra,
brillante y grande como teta de monja correntina.
150 g de modesta y tímida
margarina.
100 g de harina de soja no
cotizada en los mercados de Rosario o de Chicago.
2 huevos de gallina
entrerriana alimentada con balanceado sin hormonas.
2 dientes caninos de ajo
de notable ortodoncia.
1 manojito de perejil;
como sabemos, todo perejil es humilde e inimputable.
2 duros y benditos panes
para rallar mientras se mira la televisión desgraciada.
1 pizca de sal que
represente los mares de Santiago del Estero.
1 párpado de pimienta
afanado de reojo en algún supermercado chino.
1 afilado y peligroso
cuchillo de violencia cotidiana.
1 sartén, aunque de mango
prominente, vieja, tiznada y golpeada por la indiferencia de todos
los gobiernos.
Por último, 1 poco de
cohibido y pálido fuego subvencionado con fondos públicos.
Acción y pasión
Corte
la sabrosa carne de la berenjena en rebanadas delgadas y luego, con
la punta del cuchillo, dibújeles rayuelas, tatuajes, corazones y
flechas.
Derrita
la margarina en la sartén y unte, con algo de ese óleo, ambas caras
de las rodajas de berenjenas económicamente libres, socialmente
justas y políticamente soberanas.
Pique
sin ponerse triste, el desgraciado perejil y los ajos prominentes.
Revuelque las rebanadas sobre esta picazón y golpéelas sobre la
harina de soja para que los nutrientes del suelo de la patria se
incrusten para siempre.
Una
vez más, rompa los huevos y bátalos. Para no insultar a nadie,
cante o silbe, y agregue a este batido la sal santiagueña y la
pimienta china
Unte
con este batido las rebanadas y luego, espolvoree sobre ellas el
rallado pan del subdesarrollo. Golpéelas con la palma de su diestra
para que la bendición del pan se impregne en las berenjenas
hambrientas de fe y esperanza.
Fría
las rebanadas en la sartén donde la margarina se derrite de amor
para que pueda tener con estas falsas milanesas una pseudo felicidad
en la mesa de su hogar.
Por
si no lo había observado, la felicidad tiene forma de berenjena.

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