lunes, 26 de noviembre de 2012

BERENJENAS EN BUENOS AIRES

A la hora de preparar milanesas de lomo de ternera, el alto y tóxico precio de la carne vacuna en Argentina nos ha llevado a buscar una alternativa sana y económica: hacerlas de berenjena.

Ingredientes, herramientas y voluntades
1 berenjena negra, brillante y grande como teta de monja correntina.
150 g de modesta y tímida margarina.
100 g de harina de soja no cotizada en los mercados de Rosario o de Chicago.
2 huevos de gallina entrerriana alimentada con balanceado sin hormonas.
2 dientes caninos de ajo de notable ortodoncia.
1 manojito de perejil; como sabemos, todo perejil es humilde e inimputable.
2 duros y benditos panes para rallar mientras se mira la televisión desgraciada.
1 pizca de sal que represente los mares de Santiago del Estero.
1 párpado de pimienta afanado de reojo en algún supermercado chino.
1 afilado y peligroso cuchillo de violencia cotidiana.
1 sartén, aunque de mango prominente, vieja, tiznada y golpeada por la indiferencia de todos los gobiernos.
Por último, 1 poco de cohibido y pálido fuego subvencionado con fondos públicos.
 
Acción y pasión
Corte la sabrosa carne de la berenjena en rebanadas delgadas y luego, con la punta del cuchillo, dibújeles rayuelas, tatuajes, corazones y flechas.
Derrita la margarina en la sartén y unte, con algo de ese óleo, ambas caras de las rodajas de berenjenas económicamente libres, socialmente justas y políticamente soberanas.
Pique sin ponerse triste, el desgraciado perejil y los ajos prominentes. Revuelque las rebanadas sobre esta picazón y golpéelas sobre la harina de soja para que los nutrientes del suelo de la patria se incrusten para siempre.
Una vez más, rompa los huevos y bátalos. Para no insultar a nadie, cante o silbe, y agregue a este batido la sal santiagueña y la pimienta china
Unte con este batido las rebanadas y luego, espolvoree sobre ellas el rallado pan del subdesarrollo. Golpéelas con la palma de su diestra para que la bendición del pan se impregne en las berenjenas hambrientas de fe y esperanza.
Fría las rebanadas en la sartén donde la margarina se derrite de amor para que pueda tener con estas falsas milanesas una pseudo felicidad en la mesa de su hogar.
Por si no lo había observado, la felicidad tiene forma de berenjena.

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